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Tucumán perdió más de 200 empresas en los últimos dos años

Los datos oficiales reflejan una caída del 2,1% en el entramado productivo de la provincia. A nivel nacional, desaparecieron 22.000 firmas en medio de la baja del consumo y la presión de los costos fijos.

En las últimas semanas, diversas empresas de distintos rubros quedaron en el centro de la escena nacional debido a cierres, quiebras o severas dificultades financieras. Entre los casos más emblemáticos aparecen el cierre de la histórica fábrica de neumáticos Fate, la quiebra de la cadena de electrodomésticos Garbarino y la crisis de la láctea Verónica. Estas situaciones son apenas la punta del iceberg de un problema estructural que atraviesan distintos sectores productivos y regiones del país.

Según datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025, el número de empleadores o unidades productivas en la Argentina se redujo en 22.608, considerando el balance entre altas y bajas. Este impacto se sintió con fuerza en el interior del país. En el caso específico de Tucumán, la provincia pasó de tener 9.554 empresas registradas en noviembre de 2023 a 9.350 en diciembre de 2025, lo que representa una caída del 2,14% de su entramado productivo (204 firmas menos). A nivel nacional, la única jurisdicción que logró mostrar un aumento en la cantidad de empleadores fue Neuquén, impulsada exclusivamente por la actividad vinculada al polo petrolero de Vaca Muerta.

En paralelo a la desaparición de empresas, la información de la Secretaría de Trabajo refleja un crecimiento alarmante de los procedimientos preventivos de crisis, la instancia legal previa a los despidos masivos donde las firmas negocian con los sindicatos para evitar cierres definitivos. Mientras que en 2023 hubo 42 casos en trámite, la cifra saltó a 131 en 2024 y trepó a 158 en 2025. En lo que va de 2026, ya se registran 21 expedientes abiertos, entre los que se destacan grandes firmas como la fábrica de termos Lumilagro y la avícola Tres Arroyos.

Empresarios y especialistas coinciden en que los factores que explican este escenario crítico son la apertura de importaciones, el desplome del consumo interno, la baja de la rentabilidad, el aumento de las tasas de interés y el crecimiento de la morosidad. Ricardo Diab, presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), señaló que la principal preocupación entre las pymes es la caída sostenida del consumo minorista, afectada directamente por la falta de poder adquisitivo de la población.

Desde el sector comercial, el CEO de una reconocida cadena nacional de electrodomésticos advirtió que la rentabilidad de su rubro cayó cerca de un 50%. Explicó que la llegada de mercadería importada obligó a los actores locales a rematar productos a precios extremadamente bajos para poder seguir vendiendo, todo esto en un contexto donde el encarecimiento del crédito obligó a muchas firmas a endeudarse o vender cheques, disparando los niveles de morosidad.

El panorama no es mejor en el sector agroindustrial. Un productor lechero cordobés detalló que el precio de equilibrio para el litro de leche ronda los $550, pero el tambero recibe en promedio apenas $478 a nivel nacional. A este desfase se le suman tasas de interés que oscilan entre el 45% y el 65% anual y una asfixiante carga impositiva que representa cerca del 30% del precio final en las góndolas.

Desde el ámbito legal, Valentín Martínez, socio de un estudio jurídico especializado en concursos de acreedores, explicó que el cambio en las condiciones macroeconómicas generó tensiones financieras insostenibles. «Hay estructuras empresarias muy grandes a las que los costos fijos les aumentaron significativamente mientras que la rentabilidad se redujo. A esto se sumó una suba de tasas que encareció el financiamiento, llevando a muchas empresas a utilizar capital de trabajo para afrontar salarios o indemnizaciones», detalló el letrado, confirmando un fuerte aumento en las consultas de pymes con deudas que van de los $2.000 millones a los $10.000 millones.

La industria manufacturera es, sin dudas, una de las más golpeadas por la coyuntura. Según el último Monitor de Desempeño Industrial elaborado por la Unión Industrial Argentina (UIA), el 45,6% de las empresas tiene dificultades para afrontar pagos básicos como salarios, proveedores, compromisos financieros, servicios públicos o impuestos. El informe revela que casi la mitad de las firmas (46,1%) identifica la caída de la demanda interna como su principal problema, mientras que la preocupación por la dificultad para competir con bienes importados pasó de ser nula a fines de 2024 a representar casi el 20% de las quejas en enero de 2026.

Desde la entidad fabril advirtieron que el debate debe ir más allá de la apertura de importaciones y contemplar las condiciones desiguales en las que produce la industria local. «En muchos países se subsidian servicios e insumos, mientras que acá las empresas enfrentan altos costos de financiamiento, logística, tasas municipales e Ingresos Brutos a nivel provincial. Las empresas trabajan puertas adentro para ser eficientes, pero cuando cruzás la fábrica aparecen estas cargas impositivas nacionales y provinciales que destruyen cualquier tipo de competitividad», concluyeron desde la UIA.

(Fuente: La Nacion)

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