
El Santo volvió al triunfo al imponerse a Patonato por la mínima diferencia
San Martín volvió al triunfo ante Patronato como visitante por 1-0 en Entre Ríos. Álvaro Véliez convirtió el tanto de la victoria.
San Martín volvió a demostrar que puede jugar los partidos importantes. En una cancha siempre complicada y frente a un rival que exigió hasta el final, el equipo de Alejandro Orfila derrotó este domingo 1 a 0 a Patronato con un gol de Bruno Cabrera y regresó de Paraná con tres puntos que pueden valer mucho en la lucha por los primeros puestos de la Zona A de la Primera Nacional.
El conjunto tucumano entendió rápidamente qué encuentro debía disputar. Sin desesperarse cuando el local intentó imponer condiciones en el arranque, apostó al orden, a la presión en la mitad de la cancha y a aprovechar los espacios que aparecieran. Así encontró el premio a los 24 minutos del primer tiempo, cuando Bruno Cabrera apareció en el momento justo para definir con categoría y establecer el único gol de la tarde.
Con la ventaja a su favor, San Martín mostró una de las principales virtudes que viene exhibiendo a lo largo del campeonato: la solidez colectiva. La última línea respondió cada vez que Patronato intentó acercarse al arco defendido por Nahuel Manganelli, mientras el mediocampo redobló esfuerzos para cortar los circuitos de juego del conjunto entrerriano.
En el complemento el desarrollo cambió. Patronato adelantó sus líneas, asumió riesgos y obligó al Santo a replegarse varios metros. Sin embargo, lejos de perder el orden, el equipo tucumano sostuvo la intensidad, ganó la mayoría de los duelos individuales y administró la ventaja con inteligencia. Los cambios le aportaron aire fresco para afrontar los minutos finales, en los que el local empujó con más ímpetu que claridad.
El pitazo final encontró a los jugadores de San Martín celebrando una victoria tan trabajada como merecida. Porque supo golpear cuando tuvo la oportunidad y porque, una vez arriba en el marcador, defendió la diferencia con personalidad y oficio.
Más allá del resultado, el Santo dejó una señal alentadora. Ganó fuera de casa, mostró carácter en un escenario exigente y volvió a confirmar que tiene argumentos para ser protagonista hasta el final del torneo. En una categoría donde cada punto cuesta demasiado, el triunfo en Paraná puede transformarse en uno de esos resultados que fortalecen tanto en la tabla como en lo anímico.
Tan abiertos estaban los noruegos, que ante el primer error, Brasil lastimó. Cunha aceleró y Wolfe se lo llevó puesto. Menos el árbitro, los 70 mil en el MetLife vieron el penal que finalmente otorgó el VAR. Y ahí nacería una de las figuras de la cancha: el arquero Nyland. Habrá que revisar la estadística, pero jugador que se frena y repiquetea antes de patear, si no se llama Neymar, parece errar más seguido. Guimaraes lo confirmó.
A los noruegos les dio más impulso. En lugar de remar, le metieron motor al medio y Alisson empezó a sufrir. Los mismos desajustes defensivos que sufrió con Marruecos, se repitieron. Haaland desparramó a Santos y Marquinhos en un pelotazo y Odegaard tuvo el gol en su zurda, pero era un día de arqueros brillantes.
Cambios por acá, cambios por allá y ambos equipos bajaron un cambio en el inicio del segundo tiempo. El calor también jugaba su partido y los errores no forzados tenían que aparecer.
Vini inventaba un mano a mano para Endrick y se lucía Nyland. Rayan también lo probaba y no había caso. Schjelderup tenía el suyo y Alisson decía acá estoy. El ingreso de Neymar era una promesa de más pausa y creación. Promesa.
Irrespetuosos de pies a cabezas, a los noruegos les importó nada la camiseta del pentacampeón. Siguieron igual, buscando especialmente por el sector del flojo Danilo hasta que llegó el centro para esa topadora que se llevó puesto a Carleto, Zico, Ronaldo, Dunga, Ronaldinho y Pelé juntos.
El golpe fue letal. La reacción podía llegar sólo de los pies de Vini que intentó lo que ya no podía conseguir. Porque la suerte no les daría un guiño y Nyland taparía hasta las que le tiraron sus compañeros. El premio para Noruega fue seguir intentando, no refugiarse, tocar y tocar. Como marca la historia de… Brasil. Entre tanta posesión, ese animal pura potencia mostró que también sabe cuándo y cómo hacer otra cosa que no sea cabecear y con un zurdazo bajo y a mil por hora, le metió la piña de nocaut que faltaba. El penal sumó para la estadística de Neymar, pero la victoria fue muy justa, histórica y ejemplificante: el precio por abandonar tu ADN a los brasileños les costó el Mundial. /Olé