Economía

El consumo de carne en el país podría caer a mínimos históricos

Un estudio de la Fundación Mediterránea proyectó que el consumo de carne bovina por habitante podría descender a 43 kilos anuales, el nivel más bajo en dos décadas.

El informe de la Fundación Mediterránea, titulado “Carne: ¿nuevo equilibrio entre consumo y exportación?”, plantea que es esperable una reducción del consumo per cápita de carne bovina si se mantienen las actuales condiciones de retención de animales y expansión de las exportaciones. El estudio, elaborado por Juan Manuel Garzón y Franco Artusso, de la sección agroindustrial del Ieral, analiza las tensiones entre oferta, demanda interna y orientaciones del comercio exterior en un contexto de precios elevados.

Señales de estabilización y límites al alza de precios

Tras un arranque de año con subas pronunciadas, el mercado de la carne muestra indicios de estabilización. Según el informe, la pausa en el precio de la hacienda refleja límites tanto del lado del consumidor —con menor capacidad de convalidar nuevos aumentos— como del lado exportador, que debe lidiar con valores récord de la materia prima en dólares. Esta dinámica sugiere un equilibrio transitorio en el que se contraponen restricciones de corto plazo y señales para inversión de largo plazo.

Retención de hembras y restricción transitoria de la oferta

En el plano local, la oferta está fuertemente condicionada por la retención de animales, especialmente de hembras. Ese comportamiento indica una recomposición incipiente de los stocks ganaderos y una apuesta por la actividad que, aunque necesaria para aumentar la producción en el mediano plazo, genera una restricción transitoria de la oferta disponible. El resultado es un trade-off que presiona la disponibilidad para el consumo interno cuando la orientación exportadora se intensifica.

Contexto internacional y rol de la política económica

El mercado externo presenta condiciones favorables: precios elevados y una demanda que, aunque podría moderarse más adelante, se mantiene alta en el corto plazo. Este panorama refuerza los incentivos a producir y a realizar inversiones en el sector. Además, el estudio destaca que, a diferencia de episodios previos, el gobierno ha optado por no intervenir en el mercado de carnes ni restringir las exportaciones, lo que otorga mayor previsibilidad y condiciones regulatorias neutrales que alientan decisiones orientadas al mediano plazo, como la retención de vientres y la extensión de ciclos productivos.

Precios relativos y presión sobre el consumo

Aunque los precios de la carne vacuna son históricamente altos en términos locales, la comparación internacional ubica a Argentina por debajo de economías desarrolladas y alineada con su nivel de ingresos. Con mayor integración comercial, los precios internos tenderían a reflejar las condiciones globales. En febrero, el valor promedio al consumidor alcanzó $15.895 por kilo, un 22% por encima del mismo mes de 2025 y un 32% superior al promedio de las últimas dos décadas; estos niveles comienzan a encontrar límites en la capacidad de compra de los hogares.

Ajustes proyectados en el consumo per cápita

El informe proyecta que, si las actuales condiciones se mantienen, el consumo per cápita podría descender hasta unos 43 kilos anuales —entre 6 y 7 kilos menos que en 2025, cuando promedió cerca de 49,4 kilos—. En un escenario intermedio, con una caída de la producción del 5%, la retracción sería de alrededor de 4 kilos por persona. Sólo en una hipótesis más optimista, con recuperación productiva en el segundo semestre, el consumo podría situarse cerca de 48 kilos, apenas un kilo menos que el año previo.

Cambios estructurales en la demanda y sustitución por otras proteínas

El estudio advierte que la mayor competencia por la carne bovina y la evolución de los precios relativos favorecerán la diversificación hacia otras proteínas, en particular carne porcina y pollo, cuya relación precio-costo resulta más atractiva para consumidores con menor poder adquisitivo. Con el precio de un kilo de asado se pueden adquirir casi cuatro kilos de pollo o cerca de dos kilos de cerdo, lo que impulsa una sustitución creciente.

Conclusión: un mercado más tensionado y menos dependiente del consumo interno

La conjunción de retención de hembras, menor oferta de corto plazo, precios elevados y reducción del poder adquisitivo redefine el patrón histórico del mercado de carne vacuna en Argentina. Según la Fundación Mediterráneala combinación de menor oferta, precios elevados y cambios en la demanda redefine el histórico predominio del consumo interno, que cede terreno frente a las exportaciones y frente a otras carnes. La recuperación del rodeo aparece como condición necesaria para recomponer la oferta, aunque ello profundiza, al menos en el corto plazo, la caída del consumo local y acelera un ajuste en los hábitos de consumo hacia proteínas alternativas.

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