
Cómo juega España: fortalezas y debilidades del último rival de la Selección Argentina en la final
El vigente campeón de la Eurocopa llega al MetLife Stadium habiendo recibido un solo gol en todo el Mundial. Su propuesta colectiva se espeja en la Scaloneta, alternando la posesión con un temible desequilibrio individual liderado por Lamine Yamal.
La gran final del Mundial 2026 enfrentará, por segunda vez en la historia, a dos rivales de habla hispana, pero con el condimento inédito de poner frente a frente a los vigentes monarcas de la Copa América y de la Eurocopa. Allí estará la Selección Argentina, cara a cara con una España que funciona como un espejo de la Scaloneta: un rival que prioriza la tenencia del balón pero que ya aprendió a ganar sin él. El conjunto ibérico juega con amplitud, acumula futbolistas entre líneas y tiene al madrileño Rodri como eje absoluto de una estructura que se mueve de manera sincronizada a su alrededor.
Esa similitud también se traslada a la conducción técnica. El propio seleccionador europeo, Luis de la Fuente, quien fuera profesor de Lionel Scaloni en el curso de entrenador dictado en España en 2017, admitió públicamente que ambos coinciden en valores y principios futbolísticos. El esquema inicial de la Roja parte de un dibujo táctico de 4-1-2-3, aunque goza de una enorme versatilidad en el terreno de juego. Los extremos fijan bien abiertos sobre las bandas, los interiores se posicionan a espaldas de los mediocampistas rivales y el delantero Mikel Oyarzabal abandona con frecuencia el área penal para retrasarse y asociarse al circuito de pases.
El mayor peligro español radica en los cinco carriles ofensivos que suele ocupar, volcando su principal factor de desequilibrio sobre la banda derecha. Allí se complementan el lateral Pedro Porro, de gran proyección y con gol ante Francia, y el extremo Lamine Yamal. El joven de 19 años es la carta principal de ruptura individual: recibe abierto al pie y obliga a su marcador, en este caso Nicolás Tagliafico, a decidir si esperarlo o salir a romper, una encrucijada que abre espacios para los interiores. Por el sector izquierdo, Marc Cucurella ejerce una tarea más flexible, cerrándose como un tercer defensor central para compensar las subidas y permitir que Dani Olmo se mueva con total libertad como mediapunta indescifrable.
En el centro de este engranaje se ubica Rodri, el ganador del Balón de Oro 2024. El mediocampista del Manchester City no solo es el primer receptor de los zagueros, sino el encargado de administrar las velocidades, atraer la presión rival y sostener el retroceso tras cada pérdida. Pese a su vocación ofensiva, la fortaleza de España en este Mundial nace desde su faz defensiva, habiendo recibido un solo gol en siete partidos, registrando su índice más alto de goles esperados en contra ante la Portugal de Roberto Martínez con apenas un 0,91, lo que demuestra la eficacia de su bloque bajo.
Para la Argentina, la oportunidad de lastimar nacerá precisamente en los espacios que dejen los laterales españoles al proyectarse. Si la Albiceleste conserva un primer pase limpio, las transiciones rápidas pueden progresar mediante las conducciones de Lionel Messi, los cambios de orientación de Enzo Fernández o las corridas al espacio de Julián Álvarez atacando el intervalo entre Porro y el juvenil central Pau Cubarsí. Para contrarrestar el tándem diestro de España, Scaloni evalúa la posibilidad de incluir a Nicolás González en la banda izquierda para colaborar con Tagliafico en el retroceso defensivo.
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El banquillo de relevos es otra de las grandes virtudes europeas para el complemento. España cuenta con el ingreso de Mikel Merino como amuleto de gol, el control de juego que aporta Pedri, la velocidad pura de Nico Williams por izquierda, el ataque directo de Ferran Torres y Yeremy Pino, o el despliegue físico de Marcos Llorente para proteger ventajas. La reciente semifinal ante los franceses Kylian Mbappé y Michael Olise fue la prueba de que España ya no depende únicamente de monopolizar la pelota, habiendo alternado presión alta, bloque medio y un repliegue muy efectivo donde sus únicos dos remates al arco terminaron en gol.
Ante este panorama, la Selección Argentina deberá leer con inteligencia qué versión de España aparecerá en Nueva Jersey. El plan de la Scaloneta tendrá que amalgamar una presión agresiva sobre el primer pase de Rodri —emulando el planteamiento de la Uruguay de Marcelo Bielsa— con momentos de pausa y tenencia a cargo de Leandro Paredes y Alexis Mac Allister. La final regala un duelo de estilos donde España se muestra más constante en su funcionamiento colectivo, pero donde la Argentina destaca por su tremenda capacidad de adaptación táctica y cuenta con el diferencial único de Messi para destrabar cualquier estructura.