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Paridad en los sondeos y reconfiguración de alianzas marcan el tramo final hacia el balotaje en Brasil

De cara a la segunda vuelta electoral prevista para el 25 de octubre en Brasil, el escenario político se encuentra marcado por una competencia ajustada entre el senador Flávio Bolsonaro, postulante del Partido Liberal, y el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien busca la reelección. La definición llega tras una primera vuelta en la que el legislador opositor obtuvo el 47,03% de los votos frente al 45,16% del mandatario en ejercicio, registrando una diferencia cercana a los 2,2 millones de sufragios.

El panorama de las encuestas y la opinión pública

Las mediciones de opinión pública reflejan una contienda con escaso margen de diferencia. De acuerdo con una encuesta de la consultora Quaest, difundida por Globo.com, Bolsonaro cuenta con un 46% de la intención de voto frente al 44% de Lula da Silva, lo que configura un empate técnico dentro del margen de error de dos puntos porcentuales del estudio. En la consulta espontánea, el senador opositor reúne el 43% contra el 42% del jefe de Estado, con un 7% de electores aún indecisos. Por otra parte, una medición de la firma Datafolha realizada tras los comicios generales situó a Bolsonaro con el 52% de las preferencias frente al 48% del actual presidente en el cálculo de votos válidos.

El sondeo de Quaest también reveló niveles semejantes de resistencia entre los electores de ambos dirigentes. Un 54% de los encuestados afirmó que no sufragaría por Bolsonaro bajo ninguna circunstancia, mientras que el rechazo hacia Lula da Silva se ubicó en el 53%. Respecto a las expectativas de triunfo, el 53% consideró que el postulante de la oposición resultará ganador, un indicador que antes de la primera vuelta favorecía a Lula. En tanto, la evaluación sobre la gestión del actual Gobierno arrojó un 48% de desaprobación frente a un 45% de aprobación.

La fragmentación del MDB y el esquema de alianzas

En el terreno político, el Movimiento Democrático Brasileño (MDB) quedó fragmentado ante la definición presidencial, luego de haber conservado una postura neutral en el primer turno. Diecisiete de sus representaciones regionales optaron por respaldar la postulación de Bolsonaro. Entre estos distritos se encuentran San Pablo, Río de Janeiro y Minas Gerais, que concentran más del 75% de la población del país. El titular del partido, Baleia Rossi, anunció la determinación junto a referentes partidarios como el intendente paulista Ricardo Nunes, supeditando el apoyo al compromiso con las instituciones democráticas, la pacificación del país y el orden fiscal.

En contraposición, diez directorios regionales del MDB, situados en su mayoría en las zonas norte y noreste, formalizaron su acompañamiento a la reelección de Lula da Silva mediante un documento conjunto. En cuanto a otros sectores, Bolsonaro incorporó formalmente a formaciones como Republicanos, Progresistas, Unión Brasil, Podemos y Novo, además de figuras como el psiquiatra Augusto Cury. Sin embargo, en el análisis de transferencias de sufragios de Quaest, se observó que un 34% de los electores de Cury optaría por Lula, mientras que un 40% de quienes votaron a Renan Santos respaldaría a Bolsonaro. El oficialismo, por su lado, sumó adhesiones de partidos menores de izquierda.

Ejes programáticos y posturas ante el balotaje

Durante una actividad frente a dirigentes empresariales, Flávio Bolsonaro planteó que los comicios definirán el rumbo institucional de Brasil para las próximas décadas. El senador solicitó el respaldo de los votantes para intervenir sobre el Supremo Tribunal Federal, donde anticipó que buscará nombrar al menos a cinco integrantes en caso de ser electo. Esta cantidad supera las vacantes ordinarias proyectadas y se vincula a proyectos de juicio político contra miembros de la corte, ámbito donde el Partido Liberal contará con un tercio de las bancas de la Cámara Alta. Entre los jueces cuestionados por el dirigente figuran Alexandre de Moraes y Flávio Dino.

Asimismo, el aspirante opositor cuestionó la gestión de Lula da Silva, a la que asoció con problemas de endeudamiento, burocracia y violencia. Bolsonaro prometió una disminución de la carga impositiva y de los gastos estatales para garantizar seguridad jurídica. En materia de orden público, prometió un combate directo contra las redes del narcotráfico a partir del inicio de su eventual administración, proyectando la edificación de penitenciarías de alta seguridad y la instauración de la castración química para agresores sexuales.

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